SI NO HAS VISTO EL ÚLTIMO EPISODIO DE BREAKING BAD, SE TE PIDE NO SER TAN ANIMAL Y DEJAR DE LEER.
Hay varias cosas que comentar al final de Breaking Bad, por eso iré paso por paso
con los post. Primero quiero decir lo básico, la primera impresión que tuve del
capítulo. En una entrada anterior, había dicho que después del penúltimo
capítulo lo único que quedaba era un Heisenberg con deseos de venganza. Creo que
eso se confirmó parcialmente en el último. Es cierto que Heisenberg
(clarísimamente, ya no Walter White) vuelve para vengarse, pero también para
más que eso. Todavía había por lo menos un objetivo concreto que debía cumplir
más allá de la violencia: dejar dinero a su familia. Creo que no es tan claro
que haya buscado explícitamente otras cosas, como ponerse en el lugar del amo y
recobrar el prestigio de poder, ni liberar a Jessie, cosas que me parece que
llega a hacer, aun cuando eso no formaba parte del plan, no de forma significativa.
Pero más allá de esto, sí fue la venganza una pieza
importante de su motor final. Y es desde allí que el último episodio ha sido
narrado y dirigido: lo que hemos visto no ha sido la evolución de los hechos en
la realidad; hemos presenciado, más bien, todo desde el punto de vista de
Heisenberg, todo desde su soberbia, desde su eficacia y su suerte parcial, desde
su deseo de ejercer esa última violencia reivindicativa. Este es uno de los
motivos por el que el episodio ha recibido respuestas tan positivas entre los
espectadores. Gilligan les dio precisamente lo que querían ver (¿les?: nos dio): Heisenberg en el poder,
manipulando los hechos para que se desarrollen de acuerdo a su voluntad. El
espectador de este último episodio ha sido puesto en el lugar de la venganza, no
la ha contemplado, la ha experimentado con goce (busquen, sino, las reacciones
que hay en Youtube a la última escena). Si hay alguien que haya sido capaz de
ver cómo caían uno por uno los enemigos del protagonista sin sentir placer,
habrá que alejarse de él, pues algo de la frialdad de Todd tendrá. El cierre de
la serie, en este sentido, ha tenido el propósito de ir más allá de la
narrativa, ha sido el final necesario, no el que busca quiebres de sentido en
la historia, no el que sorprende por la aparición espontánea y casi nunca
explicada de nuevos elementos, no el fácilmente pesimista ni el ingenuamente
feliz.
No cabe discutir, me parece, si es buen o mal final. Las
calificaciones de este tipo, tan simplistas y reductoras, sirven para el arte
audiovisual del mainstream, donde el fin es diferenciar qué te gusta y qué no
te gusta para, a partir de ello, consumir
o no consumir. El caso de Breaking
Bad no es este. La serie pide apreciación y juicio, no aprobación o desaprobación.
Dicho eso, quisiera dejar en claro que disfruté del último capítulo inmensamente,
a varios niveles. En serio, gocé. Haré más adelante un par de post más sobre el
tema.

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