lunes, 30 de septiembre de 2013

BREAKING BAD: FELINA (SPOILERS)

SI NO HAS VISTO EL ÚLTIMO EPISODIO DE BREAKING BAD, SE TE PIDE NO SER TAN ANIMAL Y DEJAR DE LEER.
 
Hay varias cosas que comentar al final de Breaking Bad, por eso iré paso por paso con los post. Primero quiero decir lo básico, la primera impresión que tuve del capítulo. En una entrada anterior, había dicho que después del penúltimo capítulo lo único que quedaba era un Heisenberg con deseos de venganza. Creo que eso se confirmó parcialmente en el último. Es cierto que Heisenberg (clarísimamente, ya no Walter White) vuelve para vengarse, pero también para más que eso. Todavía había por lo menos un objetivo concreto que debía cumplir más allá de la violencia: dejar dinero a su familia. Creo que no es tan claro que haya buscado explícitamente otras cosas, como ponerse en el lugar del amo y recobrar el prestigio de poder, ni liberar a Jessie, cosas que me parece que llega a hacer, aun cuando eso no formaba parte del plan, no de forma significativa.
 
Pero más allá de esto, sí fue la venganza una pieza importante de su motor final. Y es desde allí que el último episodio ha sido narrado y dirigido: lo que hemos visto no ha sido la evolución de los hechos en la realidad; hemos presenciado, más bien, todo desde el punto de vista de Heisenberg, todo desde su soberbia, desde su eficacia y su suerte parcial, desde su deseo de ejercer esa última violencia reivindicativa. Este es uno de los motivos por el que el episodio ha recibido respuestas tan positivas entre los espectadores. Gilligan les dio precisamente lo que querían ver (¿les?: nos dio): Heisenberg en el poder, manipulando los hechos para que se desarrollen de acuerdo a su voluntad. El espectador de este último episodio ha sido puesto en el lugar de la venganza, no la ha contemplado, la ha experimentado con goce (busquen, sino, las reacciones que hay en Youtube a la última escena). Si hay alguien que haya sido capaz de ver cómo caían uno por uno los enemigos del protagonista sin sentir placer, habrá que alejarse de él, pues algo de la frialdad de Todd tendrá. El cierre de la serie, en este sentido, ha tenido el propósito de ir más allá de la narrativa, ha sido el final necesario, no el que busca quiebres de sentido en la historia, no el que sorprende por la aparición espontánea y casi nunca explicada de nuevos elementos, no el fácilmente pesimista ni el ingenuamente feliz.
 
No cabe discutir, me parece, si es buen o mal final. Las calificaciones de este tipo, tan simplistas y reductoras, sirven para el arte audiovisual del mainstream, donde el fin es diferenciar qué te gusta y qué no te gusta para, a partir de ello, consumir o no consumir. El caso de Breaking Bad no es este. La serie pide apreciación y juicio, no aprobación o desaprobación. Dicho eso, quisiera dejar en claro que disfruté del último capítulo inmensamente, a varios niveles. En serio, gocé. Haré más adelante un par de post más sobre el tema.

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