SI NO HAS VISTO HASTA LA 5TA TEMPORADA, EPISODIO 15 DE BREAKING BAD, SERÁS CORDIALMENTE SPOILEADO(A):
1. Experiencia de la
angustia
Walter White es
diagnosticado de cáncer terminal y tiene en frente a la muerte. Se ha dicho que
esta es la experiencia que da lugar a la angustia.
Enfrentar a la muerte es enfrentar a la nada: no al sinsentido, no a la
sinrazón, sino a la ausencia absoluta de las coordenadas bajo las que se hacía
posible el sentido. Sartre llamó a esta experiencia la náusea. Se ha dicho, también, que en la angustia el sujeto no
tiene más salida que enfrentarse a sí mismo. Si ya no hay nada externo en lo
que apoyarse, lo único que quedaría es el más auténtico encuentro consigo
mismo. Allí, o se toman decisiones radicales que procuren crear nuevos sentidos
para la vida o se da la parálisis total de la capacidad de agencia en el
sujeto. Walter White hace lo primero: toma decisiones radicales.
2. Decisión radical
Tales decisiones son
radicales precisamente porque, en ellas, el sujeto debe tratar de resolver
problemas que antes nunca se atrevió a enfrentar, debe encararse a sí mismo
como nunca antes lo ha hecho. Entonces, ¿qué debe resolver Walter White?,
¿cuáles son las fallas que encuentra en lo más íntimo de su subjetividad? Creo
que básicamente se trata de dos cosas: (1) no ha alcanzado el prestigio que podía haber alcanzado; es
decir, no ha hecho activa la tan prometedora potencialidad que poseía en su
juventud: ha permanecido en la
mediocridad. De ello se desprende que (2) no le ha dado a su familia lo que
podía haberle dado, no ha asegurado su bienestar. Por eso, la decisión que
Walter White toma en medio de la angustia (cocinar metanfetamina) busca suplir
dos cosas: enmendar su falla como sujeto de prestigio social y enmendar su
falla como padre. Lo último funciona, para él, como justificación explícita de
su acción ilegal; lo primero se mantiene implícito, pero es sin dudas el motor más
fundamental.
3. Enfrentar nuevos
peligros
La decisión radical lleva a Walter White a enfrentar
peligros antes inimaginables. Vacila frente a ellos, no sabe cómo darles
solución. Esta inexperiencia le lleva a cometer errores que extreman su situación.
Sin embargo, Walter White no es el de antes: ya desde el capítulo uno comienza
su transformación. Comienza a descubrir que es capaz de utilizar su ingenio
para corregir los errores. Ejerce su nueva y más auténtica identidad para
obtener aquello que antes nunca tuvo: dinero y poder. Con el dinero, puede
proveer un mejor futuro para su familia. Con el poder, puede ganar prestigio.
Ahora Walter White es temido, hay quienes se subordinan a él, comienza a dejar
de ser el inútil e indefenso profesor de química que está acostumbrado a
obedecer. Ahora toma el lugar del amo y comienza a gozar. Pero hay que recordar
que todo goce es obsceno.
4. Desmesura

Tras saborear victorias, Walter White sigue extendiendo las
consecuencias de su primera decisión radical: sigue cocinando y la motivación
más personal (tener el poder del amo) es cada vez más explícita. Entonces, las
cosas comienzan a salirse de las manos. La potencialidad antes no aprovechada
hace que alcance instancias en las que encuentra peligros más grandes. Frente a
ellos, está obligado a subordinarse nuevamente, a depender de otros amos. Gana
dinero pero, como sabemos, eso no es lo importante en lo más íntimo de su
identidad. Por ello, la situación es negada: hay un fuerte deseo de subversión,
a lo que el nuevo amo responde con violencia, enfrentando nuevamente a Walter
White con la muerte. Otra vez: angustia. Ahora, sin embargo, sabe cómo
enfrentarla, sabe de las armas que posee. Vence. Y es aquí realmente donde la
transformación se desmesura. Ya no Walter White, sino Heisenberg. Se ha
derrocado al amo y se posee el poder. Pero todo amo necesita de un esclavo para
seguir siendo amo, por eso Heisenberg sigue adelante, estirando los límites de
sus posibilidades.
5. Se revela lo
obsceno

Ahora, Heisenberg debe luchar por seguir en el lugar del
amo, por seguir siendo el que posee el dinero y el poder: el que provee a la
familia y tiene prestigio frente a los más poderosos. Pero estos son dos deseos
ambivalentes, por momentos directamente contradictorios. Las circunstancias de
la realidad, entonces, se desarrollan irónicamente: a la vez que Walter White
entra en conciencia de su desmesura y comienza a ponerle límites a sus
acciones, sale a la luz pública lo más horrible de la acción por el goce: lo
obsceno. Se revela la identidad del que tomó decisiones radicales: Walter White
y Heisenberg son identificados como los mismos. El padre de familia y el amo
soberbio son obligados a encararse en la misma subjetividad. A la vez, se
revela la traición a las personas más íntimas. Aquí está lo obsceno. Todo lo
logrado se ha sostenido en el engaño más despreciable. Por eso todo se hace
agua: otra vez, angustia. Walter White y Heisenberg ven sus logros
desmoronarse. Los nuevos sentidos construidos, el del padre exitoso y el del
sujeto de prestigio, se muestran artificiales, pierden su valor.
6. Se derrumba el
padre
Aquí, se desmorona totalmente la ilusión de grandeza en la
identidad. Las decisiones radicales desembocan en la destrucción de todas las
conquistas logradas. Y más que eso: incluso las condiciones previas a la
primera experiencia de angustia son devastadas. Pero el sujeto no ha muerto.
Walter White está obligado a seguir intentando nuevas salidas: no puedo haber
hecho todo esto por nada. Los caminos, sin embargo, están completamente
cerrados. Ya no puede ser padre proveedor y ya no tiene ninguna forma de
ejercer su poder: no es amo de nadie. Y el último golpe se lo da la persona
que, a lo largo de toda la serie, más sostenida y fielmente había confiado en
él: ¿por qué no estás muerto?, le incrimina su hijo, y se lo dice con terrible
decisión. Ya no es padre, ya no puede serlo. Se entrega.
7. Sólo queda
violencia
Pero, como sabemos, ser
padre no ha sido la motivación fundamental de Walter White. Él, ante todo,
ha buscado ser reconocido como sujeto de prestigio y poder. Y lo que ahora se
le revela es que no sólo ha perdido la posibilidad de ello, sino además que hoy
es reconocido pública y explícitamente como alguien que no merece ni prestigio ni poder. Se dice de él, para las masas,
que nunca fue nadie, que nunca tuvo logros profesionales significativos, y –más
importante– que ya no existe para el mundo social. Ha sido reducido a ser un
resto, una lacra indeseada. Heisenberg sabe, entonces, que ya no tiene sentido
luchar por el prestigio; queda el deseo de la acción más destructiva,
perfectamente aprendida a lo largo de todo el proceso: la venganza llevada a
sus últimas consecuencias. No interesa recuperar el poder, no interesa recuperar
el papel del padre, no interesa liberar al esclavizado: interesa consumar la
venganza. Contra todos. Todos. Repito carajo: Todos.